13 de
Abril de 2009
EL PAIS
› EXCLUSIVO: UNA INVESTIGACION DEL CONICET CONFIRMO
EL EFECTO PERJUDICIAL DEL GLIFOSATO
El
tóxico de los campos
El agrotóxico
básico de la industria sojera produce malformaciones
neuronales, intestinales y cardíacas, aun en dosis
muy inferiores a las utilizadas en agricultura. El estudio,
realizado en embriones, es el primero en su tipo y refuta
la supuesta inocuidad del herbicida.
Fuente: Página
12 – Argentina
Por Darío Aranda
Las comunidades
indígenas y los movimientos campesinos denuncian desde
hace una década los efectos sanitarios de los agrotóxicos
sojeros. Pero siempre chocaron con las desmentidas de tres
actores de peso, productores (representados en gran parte
por la Mesa de Enlace), las grandes empresas del sector y
los ámbitos gubernamentales que impulsan el modelo
agropecuario. El argumento recurrente es la ausencia de “estudios
serios” que demuestren los efectos negativos del herbicida.
A trece años de fiebre sojera, por primera vez una
investigación científica de laboratorio confirma
que el glifosato (químico fundamental de la industria
sojera) es altamente tóxico y provoca efectos devastadores
en embriones. Así lo determinó el Laboratorio
de Embriología Molecular del Conicet-UBA (Facultad
de Medicina) que, con dosis hasta 1500 veces inferiores a
las utilizadas en las fumigaciones sojeras, comprobó
trastornos intestinales y cardíacos, malformaciones
y alteraciones neuronales. “Concentraciones ínfimas
de glifosato, respecto de las usadas en agricultura, son capaces
de producir efectos negativos en la morfología del
embrión, sugiriendo la posibilidad de que se estén
interfiriendo mecanismos normales del desarrollo embrionario”,
subraya el trabajo, que también hace hincapié
en la urgente necesidad de limitar el uso del agrotóxico
e investigar sus consecuencias en el largo plazo. El herbicida
más utilizado a base de glifosato se comercializa bajo
el nombre de Roundup, de la compañía Monsanto,
líder mundial de los agronegocios.
El Laboratorio
de Embriología Molecular cuenta con veinte años
de trabajo en investigaciones académicas. Funciona
en el ámbito de la Facultad de Medicina de la Universidad
de Buenos Aires (UBA) y del Consejo Nacional de Investigaciones
Científicas y Técnicas (Conicet). Es un espacio
referente en el estudio científico, conformado por
licenciados en bioquímica, genética y biología.
Durante los últimos quince meses estudió el
efecto del glifosato en embriones anfibios, desde la fecundación
hasta que el organismo adquiere las características
morfológicas de la especie.
“Se
utilizaron embriones anfibios, un modelo tradicional de estudio,
ideal para determinar concentraciones que pueden alterar mecanismos
fisiológicos que produzcan perjuicio celular y/o trastornos
durante el desarrollo. Y debido a la conservación de
los mecanismos que regulan el desarrollo embrionario de los
vertebrados, los resultados son totalmente comparables con
lo que sucedería con el desarrollo del embrión
humano”, explica Andrés Carrasco, profesor de
embriología, investigador principal del Conicet y director
del Laboratorio de Embriología.
El equipo
de investigadores dice que las diluciones recomendadas para
la fumigación por la industria agroquímica oscilan
entre el uno y el dos por ciento de la solución comercial
(cada un litro de agua, se recomienda 10/20 mililitros). Pero
en el campo es sabido –incluso reconocido por los medios
del sector– que las malezas a eliminar se han vuelto
resistentes al agrotóxico, por lo cual los productores
sojeros utilizan concentraciones mayores. El estudio afirma
que en la práctica cotidiana las diluciones varían
entre el diez y el treinta por ciento (100/300 mililitros
por litro de agua).
Utilizando
como parámetros de comparación los rangos teóricos
(los recomendados por las compañías) y los reales
(los usados por los sojeros), los resultados de laboratorio
son igualmente alarmantes. “Los embriones fueron incubados
por inmersión en diluciones con un mililitro de herbicida
en 5000 de solución de cultivo embrionario, que representan
cantidades de glifosato entre 50 y 1540 veces inferiores a
las usadas en los campos con soja. Se produjo disminución
de tamaño embrionario, serias alteraciones cefálicas
con reducción de ojos y oído, alteraciones en
la diferenciación neuronal temprana con pérdida
de células neuronales primarias”, afirma el trabajo,
que se dividió en dos tipos de experimentación:
inmersión en solución salina y por inyección
de glifosato en células embrionarias. En ambos casos,
y en concentraciones variables, los resultados fueron rotundos.
“Disminución
del largo del embrión, alteraciones que sugieren defectos
en la formación del eje embrionario. Alteración
del tamaño de la cabeza con compromiso en la formación
del cerebro y reducción de ojos y de la zona del sistema
auditivo, que podrían indicar causas de malformaciones
y deficiencias en la etapa adulta”, alerta la investigación,
que también avanza sobre efectos neurológicos
graves: “(Se comprobaron) Alteraciones en los mecanismos
de formación de neuronas tempranas, por una disminución
de neuronas primarias comprometiendo el correcto desarrollo
del cerebro, compatibles con alteraciones con el cierre normal
del tubo neural u otras deficiencias del sistema nervioso”.
Cuando
los embriones fueron inyectados con dosis de glifosato muy
diluido (hasta 300.000 veces inferiores a las utilizadas en
las fumigaciones), los resultados fueron igualmente devastadores.
“Malformaciones intestinales y malformaciones cardíacas.
Alteraciones en la formación y/o especificación
de la cresta neural. Alteraciones en la formación de
los cartílagos y huesos de cráneo y cara, compatible
con un incremento de la muerte celular programada.”
Estos resultados implican, traducido, que el glifosato afecta
un conjunto de células que tienen como función
la formación de los cartílagos y luego huesos
de la cara.
“Cualquier
alteración de forma por fallas de división celular
o de muerte celular programada conduce a malformaciones faciales
serias. En el caso de los embriones, comprobamos la existencia
de menor cantidad de células en los cartílagos
faciales embrionarios”, detalla Carrasco, que también
destaca la existencia de “malformaciones intestinales,
principalmente en el aparato digestivo, que muestra alteraciones
en su rotación y tamaño”.
La soja
sembrada en el país ocupa 17 millones de hectáreas
de diez provincias y es comercializada por la empresa Monsanto,
que vende las semillas y el agrotóxico Roundup (a base
de glifosato), que tiene la propiedad de permanecer extensos
períodos en el ambiente y viajar largas distancias
arrastrados por el viento y el agua. Se aplica en forma líquida
sobre la planta, que absorbe el veneno y muere en pocos días.
Lo único que crece en la tierra rociada es soja transgénica,
modificada en laboratorio. La publicidad de la empresa clasifica
al glifosato como inofensivo para al hombre.
Como todo
herbicida, está conformado a partir de un ingrediente
“activo” (en este caso el glifosato) y otras sustancias
(llamadas coadyuvantes o surfactantes, que por secreto comercial
no se especifican en detalle), cuya función es mejorar
su manejo y aumentar el poder destructivo del ingrediente
activo. “El POEA (sustancia derivada de ácidos
sintetizados de grasas animales) es uno de los aditivos más
comunes y más tóxicos, se degrada lentamente
y se acumula en las células”, acusa la investigación,
que describe el POEA como un detergente que facilita la penetración
del glifosato en las células vegetales y mejora su
eficacia. Investigadores de diversos países han centrado
sus estudios en los coadyuvantes (ver aparte) y confirmado
sus consecuencias.
En el
estudio experimental del Conicet-UBA (según sus autores,
el primero en investigar los efectos del herbicida y el glifosato
puro en el desarrollo embrionario de vertebrados), se focaliza
en el elemento menos estudiado y denunciado del Roundup. “El
glifosato puro introducido por inyección en embriones
a dosis equivalentes de las usadas en el campo entre 10.000
y 300.000 veces menores, tiene una actividad específica
para dañar las células. Es el responsable de
anomalías durante el desarrollo del embrión
y permite sostener que no sólo los aditivos son tóxicos
y, por otro lado, permite afirmar que el glifosato es causante
de malformaciones por interferir en mecanismos normales de
desarrollo embrionario, interfiriendo los procesos biológicos
normales.”
Carrasco
rescata las decenas de denuncias –y cuadros clínicos
agudos– de campesinos, indígenas y barrios fumigados.
“Las anomalías mostradas por nuestra investigación
sugieren la necesidad de asumir una relación causal
directa con la enorme variedad de observaciones clínicas
conocidas, tanto oncológicas como de malformaciones
reportadas en la casuística popular o médica”,
advierte el profesor de embriología.
La investigación
recuerda que el uso de agrotóxicos sojeros obedeció
a una decisión política que no fue basada en
un estudio científico-sanitario (“es inevitable
admitir la imperiosa necesidad de haber estudiado éstos,
u otros, efectos antes de permitir su uso”), denuncia
el papel complaciente del mundo científico (“la
ciencia está urgida por los grandes intereses económicos,
y no por la verdad y el bienestar de los pueblos”) y
hace un llamado urgente a realizar “estudios responsables
que provengan mayores daños colaterales del glifosato”.
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